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Educación, anticoncepción y canales efectivos de denuncia, son prioridad para el empoderamiento de niñas y adolescentes

16 Octubre 2020

11 de octubre de 2020

El Fondo de Población de las Naciones Unidades (UNFPA) en Venezuela, llevó a cabo un foro de discusión virtual en el marco del Día Internacional de la Niña titulado “Mi voz, nuestro futuro en igualdad y libre de violencia”, en el que se abordaron los retos que enfrentan las niñas venezolanas para vivir libres de violencia por razón de género, sin prácticas nocivas y libres de VIH y sida.

 

Los expertos que participaron en la actividad concluyeron que algunas de las acciones más urgentes para promover el desarrollo y empoderamiento de las niñas son: educar, desde el hogar y pasando por todas las instancias académicas, sobre los estereotipos de género, los riesgos de los embarazos adolescentes y la importancia de hacer uso de la palabra para denunciar; promover la anticoncepción responsable y fortalecer los canales de denuncia y los servicios forenses especializados, para evitar la revictimización y coordinar los dos procesos que se generan a partir de un abuso sexual: el camino de protección y el camino penal.

 

Hace 25 años la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la conferencia de Beijing con el objetivo de reconocer los derechos y retos únicos que enfrentan las niñas alrededor del mundo.

 

 “Todos tenemos la responsabilidad de crear las condiciones para empoderar a las niñas y adolescentes. El Estado tiene que garantizar la seguridad física y jurídica, una educación de calidad, incluida la educación integral sobre la sexualidad, y servicios amigables en los sistemas de salud. La sociedad es responsable de exigir y velar por que el estado cumpla su rol, y proveer un ambiente libre de barreras para el empoderamiento de las niñas, también es responsabilidad de los padres y la familia escuchar y atender las necesidades de las niñas para su desarrollo”, señaló Rafael Cuesta, Coordinador Humanitario de Operaciones del UNFPA en Venezuela.

 

En el contexto actual que vivimos, la experiencia del confinamiento ha aumentado el estrés en el hogar exponiendo a muchas niñas y adolescentes a situaciones de violencia de género. “La violencia no es solo física o sexual, hablamos poco de la psicológica, la que se ejerce a través del lenguaje, imposiciones, no dándoles acceso a una educación valiosa, pertinente y encaminada a su empoderamiento.”, señala, la profesora Isabel Serpa, Directora del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad Central de Venezuela.

 

Para formar a las lideresas del mañana tenemos que trabajar con las niñas de hoy, esto implica “trabajar desde el hogar, romper con los estereotipos de género a través de la conversación desde la educación inicial hasta la universitaria, crear políticas públicas educativas, no solo en el momento de crisis también con la formación, la sensibilización y la revisión del quehacer cotidiano de padres y educadores”, concluye la profesora Serpa.

 

Otro de los grandes retos, es el relativo a los matrimonios y uniones a temprana edad, que tienen un gran impacto sobre el desarrollo personal y proyecto de vida de las niñas y adolescentes, exponiéndolas a una mayor probabilidad de abandono escolar, explotación laboral, embarazo adolescente e incluso la trata de personas y el abuso sexual.

 

En Venezuela, las normas que regulan lo referido a la edad para el consentimiento del matrimonio datan de hace más de cien años y se mantuvieron hasta hace muy poco. Una sentencia de la sala constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en 2014 derogó expresamente el artículo 47 del Código Civil que establecía que las edades para consentir el matrimonio eran 14 años para las mujeres y 16 años para los hombres. Esta sentencia establece ahora la edad de 16 años para consentir el matrimonio tanto para hombres como para mujeres.

 

“El propio proceso judicial denota las grandes contradicciones que como sociedad tenemos en torno a esta materia. Así como la Defensoría del Pueblo solicitó la nulidad del artículo, en contraste, la Procuraduría General de la República se oponía, sosteniendo criterios biologicistas ancestrales acerca de la edad de madurez de la niña, el fortalecimiento del matrimonio en el país, entre otros. Todavía los patrones culturales en nuestro país siguen aceptando, tolerando y promoviendo el matrimonio y las uniones tempranas”, explica Cristóbal Cornieles, abogado especialista en la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes.

 

Desde el punto de vista de la salud, hay que tener en cuenta que, en las adolescentes menores de 15 años, un embarazo representa un riesgo grave. Las tasas de morbimortalidad son cuatro veces mayores y 1.5 veces más frecuentes las muertes neonatales. Según la Dra. Elba Rivas, directora de la Sociedad Venezolana de Obstetricia “En su mayoría estas adolescentes tienen malnutrición y anemia de base, esto las hace proclives a un mayor riesgo de sangrados post parto, aumenta el riesgo de cesárea, endometritis y va a estar asociado con bajo peso al nacer y restricción de crecimiento intrauterino”.

 

En cuanto a las implicaciones psicosociales, la Dra. Rivas agrega que “el embarazo adolescente es una manera de perpetuar y feminizar el ciclo de la pobreza, existe un mayor riesgo de hogares uniparentales, madres con menores proyecciones académicas y laborales, además de menos ingresos”.

 

Además, se manifestaron otras preocupaciones en el área de salud como el mal uso y escaso acceso a métodos anticonceptivos. “Diversos estudios muestran que los adolescentes tienen la información correcta pero no la llevan a la práctica, condiciones fisiológicas de los adolescentes como impulsividad y falta de madurez, los ponen en mayor riesgo. Los adolescentes tienen altas tasas de fertilidad, menor percepción de riesgo y encuentros sexuales no planificados, por lo tanto, una menor adherencia a los métodos anticonceptivos”, explicó la Dra. Rivas.